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4 de junio de 2018

San Bernardo, bien de familia

El cumpleaños de su padre impulsó a la Lic. Cristina Rego a ponerse en contacto con San Bernardo Info para contarnos el amor que este hombre, fallecido hace veinte años, sentía por San Bernardo del Tuyú. Alberto Jorge Rego, según resalta su hija con orgullo, fue “uno de los primeros turistas” de la ciudad y una persona que transmitió su pasión por la localidad a sus hijos, quienes a su vez hicieron lo propio con sus descendientes.

Alberto empezó a viajar a Mar de Ajó a comienzos de la década de 1950 y, por ese tiempo, escuchó hablar por primera vez de San Bernardo. “En 1957 decidió ir, entonces se llegaba en sulky por la playa”, señala Cristina. Impactado por la belleza del lugar, adquirió dos terrenos en Avenida San Bernardo y La Rioja.

Gracias al alquiler de un “departamento-chalecito llamado El Cielito en Avenida Mitre”, toda la familia Rego comenzó a veranear en San Bernardo. “No había balnearios y hacíamos carpas con palos de madera y lonas como techo”, recuerda Cristina.

“Al principio íbamos a Sanber por la playa: los autos siempre se empantanaban en la arena, era una odisea. Por eso fue una fiesta total cuando hicieron la Ruta 11. En aquella época todos nos conocíamos, éramos como familiares con los vecinos: los Santalla, los Rama, los Barneto, los Moreira, los Ragazzini y los Sánchez, entre otros, que eran las primeras familias que habitaron San Bernardo. Se intercambiaban comidas, libros, partidas de cartas y mesas de lotería, se compartía todo. Mi mamá hacía ravioles caseros para los vecinos y mi papá, asado: se armaban mesas enormes en los pasillos del edificio. Todos íbamos a pescar juntos al atardecer y los chicos escuchábamos las historias que los grandes nos contaban”, detalla.

En 1972, Alberto cambió los terrenos por un departamento ubicado en Av. Costanera y Querini. A esa propiedad que los Rego aún mantienen se sumaron otras que compraron distintos miembros del grupo familiar, haciendo que los veranos en Sanber sean una tradición compartida entre distintas generaciones.

“Cuando mi papá se jubiló cumplió su sueño de quedarse a vivir en San Bernardo trabajando de administrador de propiedades. Él falleció en 1998, dos años antes habíamos perdido a mi mamá. Su tarea la heredó mi hermano, el arquitecto Alberto Rego”, detalla esta lectora de San Bernardo Info.

Los campeonatos de vóley, los desfiles y los fogones en el balneario Che’Uri; los “sándwiches de helado” de Massera; y los carnavales con “guerras de bombuchas, espuma y serpentinas” en Chiozza forman parte de las memorias de Cristina, quien también evoca la “cita obligada” en los jueguitos de la Vereda Alta y los cómics que compraba a “Parrita, hijo del Don Parra que tenía allí su almacén de ramos generales”.

Los boliches como Melos, Blend, Sobremonte y Pirámides; los shows de Coco Sily en Gerónimo, donde también “arrancaron los hermanos Korol con Los Vergara”; los video-bares como Amarres y Matías que exhibían películas “que estaban prohibidas en los cines o que no habían llegado”… Los recuerdos se suceden en la mente de Cristina. “El progreso hizo que se perdiera la magia de aquellos hermosos tiempos. Los chicos crecimos y tuvimos hijos, vinieron los nietos de mis hermanos y primos mayores y seguimos yendo. Los pioneros se fueron a veranear al cielo de a poco y ya casi no quedan, viven en nuestro recuerdos”, expresa con nostalgia la hija de Albergo Rego, aquel hombre que apostó por San Bernardo desde sus inicios y sembró una semilla que hoy sigue creciendo gracias a sus seres queridos.


 
 
 
     

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